HISTORIA DEL ACUEDUCTO

La construcción del monumental Acueducto de Querétaro en el siglo XVIII  fue realizada y supervisada por el altruista marqués de la Villa del Villar del Águila, Don Juan Antonio de Urrutia y Arana un hombre proveniente de la villa de Arceniega, provincia de Álava en España.

 

Querétaro, el pequeño pueblo de indios chichimecas y otomíes, que fue fundado en el siglo XVI por Fernando de Tapia se transformó con los años en una hermosa y floreciente ciudad que alcanzó su máximo desarrollo urbano en el siglo XVIII. En ese siglo, se dio el auge de bellas construcciones arquitectónicas como templos, conventos, palacios y de múltiples industrias como telares, obrajes y tenerías. Sin embargo, las viejas cañerías de la ciudad surtían aguas sucias que eran portadoras de varias enfermedades. 

 

En 1721, llegaron a Querétaro las monjas capuchinas, procedentes del Convento de San Felipe de México y fundaron en esta ciudad el Convento de San José de Gracia. El protector y benefactor de este convento fue el marqués de la Villa del Villar del Águila, quien incluso se vino a vivir a Querétaro a una casa contigua al Convento de las Capuchinas para poder llevar mejor supervisión de la obra. 

 

En sus visitas, las monjas siempre le exponían sus quejas sobre la necesidad de tener agua limpia. El marqués, se puso en marcha y encontró agua en un manantial en el pueblo San Pedro de la Cañada llamado “Ojo de Agua del Capulín”. Don Juan Antonio construyó ahí una gran alberca para captar el agua y de ahí conducirla en una atarjea que media dos leguas de extensión (lo que equivale a 9,656 metros) hasta la ciudad. 

 

Entre la loma occidental de La Cañada y la del Convento de la Cruz se erigió un Acueducto de 1,280 metros de longitud, encima corría la atarjea sobre 74 arcos de cantería cuya altura era de 23 metros. En el año de 1733 llegó por primera vez el agua limpia a la población y dos años después a la Plazuela de la Cruz, donde se distribuía a numerosas fuentes públicas a lo largo de la ciudad. En la inscripción de la plazuela, decía que el Marqués había invertido $88,287.00 pesos en la construcción y la ciudad contribuyó con $24,504.00 pesos.

 

Para festejar, se hizo una solemne misa el 19 de octubre de 1738 y un festejo que duró quince días con desfile de carros alegóricos, comedias, bailes, peleas de gallos, cohetes, fuegos artificiales, música y corridas de toros.

 

El Acueducto no fue la única obra de el Marqués, también construyó el “Puente Grande” para poder atravesar el río, la obra de arquería y el gran estanque del Convento de la Santa Cruz, en donde se colocó una estatua en su honor (la más antigua).

 

Querétaro guarda eterna memoria a Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, gracias al amor y generosidad en beneficio de toda la población.

 

De esta ciudad, Marqués enamorado,

Tu gran tesoro en agua convertiste…


 

FUENTE: Septién y Septién, Miguel. 2013. Acueducto y fuentes de Querétaro. Querétaro, México: Librarius Clásicos Queretanos